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La vida de los esclavos en las Estancias jesuíticas

Carlos Cruzeilles, historiador del Museo de la Estancia de Alta Gracia, continúa con las investigaciones sobre los Jesuítas y su paso por la región trabajando en el lugar y echando luz sobre la parte menos conocida de la historia.

Etíopes o ugandeses, con bozal (traídos desde el puerto de Buenos Aires), o nacidos directamente en Alta Gracia, los esclavos, que promediaban los doscientos habitantes, dieron vida a un territorio que abarcaba desde Traslasierras, Nono y el sector de Camino a las Altas Cumbres y llegaba hasta Ambúl, hasta Carlos Paz, donde criaron mulas para transportar mercancías desde Potosí a Tucumán, o de Potosí a Lima dándole vida a la economía de toda la región.
Pero los religiosos presentes en Alta Gracia se limitaban a dos o tres personas: “Los jesuitas eran pocos, había un padre jesuita encargado de la cuestión religiosa y un hermano estanciero que se encargaba de las temporalidades. El mayordomo era el intermediario con los esclavos, y capataces, que podían ser negros o mestizos”. La Orden Jesuita mantenía bajo control la Estancia con prácticas que hoy serían cuestionables: “Si el capataz era negro se ponían peones libres o viceversa, para que no aúnen criterios. Además, no todos vendrían a recibir bautismos o misa. También que si se iban a trabajar al puesto, sus mujeres y sus hijos quedasen en el casco, para que no se escaparan”, indicó el historiador.
La rutina diaria era sacrificada para todos: “La vida cotidiana está dadapor las Ordenanzas del padre Andrés de Rada que indica que el trabajo es de sol a sol. Eso no quita que haya algunas fiestas de guardar: los domingos son días de descanso, o fiestas de cada Cofradía”, afirmó Cruzeilles. Dentro de las Cofradías, estaba la de los esclavos negros qu adoraban a San Baltazar o a San Benito de Palermo (ambos negros).


A la hora de comer, el menú surgía de la propia producción: “Hay cosas que no sabemos, pero podemos decir que tenían raciones de carne, maíz y trigo, chuchoca (polenta de maíz), hay reses y carneros, tomaban chicha (costumbre andina) e incluso el uso de lengua quichua que pudo ser introducido por los propios jesuitas”.

Castigos
Para los esclavos que pretendieran escaparse, había cepo, grillo o directamente la venta. Los jesuitas se cuidaban de mantener la población masculina y femenina pareja, para garantizar la reproducción de esclavos, que le dieron vida a una región donde hoy su historia permanece oculta con el paso del tiempo.

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