La culpa es de ustedes por no votarme

Por Lucas Di Marco. Allá por el 2017 el periodista Mempo Giardinelli titulaba su columna de opinión con una sugestiva frase: «Ajedrez con psicópatas«. Para quienes nunca votaríamos a Mauricio Macri para presidente (ni para nada), sonaba un poco exagerado. Después de todo, era positivo que los que no piensan como uno tengan un referente, y más positivo aún que alguién le recordase al Justicialismo, luego de la implosión de la UCR, que podía perder en las urnas y ser controlado por los ciudadanos y la Justicia, léase que no tenían la vaca atada.

La alternancia, si bien no era la deseada, daba mayor solidez al Sistema Democrático que precisa de partidos que juegen de oficialismo, y otros que jueguen de Oposición tras doce años de monólogo kirchnerista. Por más que nunca nos gustó la política del Pro, ni de sus referentes, lo de Gardinelli parecía exagerado. Hasta hoy.

El comportamiento de Macri anoche, saliendo a reconocer la derrota sin que los argentinos que pagamos el sistema Smartmatic conociésemos un solo número del escrutinio antes de esuchar su voz (quizás para evitar las placas que indiquen una derrota por 15 puntos), ya de por sí es un atropello. Inmediatamente después del discurso presidencial, aparecieron en las pantallas de la firma venezolana cargados con el 58% de los sufragios, previa orden de jefe de Estado para que nos fuéramos a dormir. «La gente no me entendió» fue lo más parecido a una autocrítica de un candidato que paso la tarde rezando el rosario. No señor presidente, usted no entendió a la gente. La gente le dio un mensaje claro, ya sea que quiera escucharlo o prefiera actuar como niño malcriado que se lleva la pelota bajo el brazo porque va perdiendo. Se puede ganar, se puede perder, pero parafraseando al Diego, las urnas son sagradas, la Democracia no se mancha.

Hoy Macri debía dar una muestra de madurez y grandeza para jugársela el todo por el todo y salir a ganar o perder pero en buena Ley, escuchando a la gente y aceptando la orden del Pueblo a través de las urnas para modificar el curso de su Gobierno. Algo así intentó Maria Eugenia Vidal en su discurso desde la Gobernación bonaerense esta mañana, afirmando que iba a salir a caminar el doble y a «escuchar» a todos usando otros mil sinónimos de ese verbo. Vidal entendió la dosis de humildad pedida por la gente. Macri en cambio dejó correr el dólar hasta los 65 pesos, para salir a contenerlo recién sobre el medio día (quedó flotando en los 56 pesos y desde la agencia estatal Télam hablan de 57 pesos como ‘ideal’). Eso traerá aparejados de inmediato aumento de precios, inflación y menor poder adquisitivo de los trabajadores.

Cerca de las 16 horas Macri, acompañado de su candidato a vicepresidente dio una conferencia en la Casa Rosada, confundiendo nuevamente lo público (la Casa Rosada), con lo partidario (su vice Miguel Ángel Pichetto), como con el conteo de Smartmatic. Con todo el País y con su rival y vencedor Alberto Fernández pidiéndole que «se haga cargo» de la corrida cambiaria, el líder amarillo apostó por el juego del miedo: ahora la culpa es de los votantes que no lo entendieron y votaron mal ¿No habló de autocrítica?, si claro, «la Oposición debe hacer autocrítica» (no hay remate).

Macri juega con el hambre, la inflación y los ahorros de los argentinos para meter miedo: «es que la alternativa kirchnerista no tiene credibilidad en el mundo». Por eso, solo por eso, los mercados fueron los causante, y no la inacción de su Gobierno, para contener al Dólar. ‘Si no me votan sufrirán’ es el mensaje de un niño bien que hasta hoy solo había perdido una elección (la primera a Jefe de Gobierno porteño a manos de Aníbal Ibarra), y nunca había sufrido un freno a su soberbia. Es el castigo que nos merecemos por no entenderlo: primero nos manda a dormir y después nos reta por haber votado mal como Moises a su pueblo descarriado: «miren lo que pasa si vuelve el kirchnerismo» nos dice. Antes del comicio había pedido que la gente comparta su imagen y la frase «yo lo voto», sin argumentos, como si no fuesen necesarios en política, como una cuestión de fe y no de razonamiento. Pura forma carente de contenido, como un globo amarillo.

Mempo Giardinelli se quedó corto, y todavía faltan cuatro meses hasta el final de esta historia. Lo que quedó claro hoy es que se puede esperar cualquier cosa, menos juego limpio y grandeza en la derrota.

 

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