Dejó los hábitos por su familia: «la Iglesia debe acompañar, no excluir»

«Tengo dos hijos, uno que nació en 2006 cuando yo aún era cura y otro de 4 años que nació cuando ya habia dejado. Mi señora tiene 46 años y es docente», quien así se presenta es Gustavo Gleria, ex sacerdote de la Iglesia Católica y actual docente en el Cavalotti. Vive en El Manzano y trabajó en la iglesia de Agua de Oro. Hace poco fue noticia por una nota en La Voz del interior donde reflejaba casualmente su abandono del hábito religioso. Gustavo hoy es docente del Ipemyt 352 de Río Ceballos, pero pocos saben que detrás del profe  hay una historia personal muy rica. Dejando de lado sus actividades el respondió nuestras preguntas y contó su experiencia.

«No es un dato menor que estuve 16 años en Ituzaingo, estuve primero por Jesús María donde estuve un año, otro año en Ferreyra y luego como párroco en barrio Ituzaingo Anexo, un lugar muy pobre, muy abandonado. Todos ven que si te mandan a esas parroquias es como un castigo, no lo sentí así sino como un desafío. Se sufre bastante allí, no hay plata, no hay como sostener, todo se hace a pulmón, tuve que trabajar. Yo era capellán de un colegio, se transformó después en la Catequesis y un trabajo muy lindo que hicimos en el Colegio Taborín donde trabajé 22 años. Mi sacerdocio fue durante 23 años y tengo para expresar cuales fueron mis encontronazos y situaciones dificiles y de encuentro y desencuentro primero con Primatesta y luego con Ñañez, que me visitaban por cosas de las  que me acusaban. Por ejemplo me retaban por hacer fiestas en el templo y yo les decía ¿y donde quiere que lo haga, si no tengo otro salón?»

Esos enfrentamientos con la cúpula fueron minando la relación que terminó de estallar en 2010: «yo estaba en el grupo Angelelli donde compartíamos muchas ideas y yo expresé mi decisión de tener pareja, que no era incompatible con mi tarea. No era para hacer una campaña en contra del celibato, que no me interesaba, ni para decir que ahora nosotros somos los buenos y quienes se mantienen celibes son los malos, no, para nada. Era para demostrar que yo podía tener familia, esposa, hijas, mantenerlos y no ser un peso para la comunidad, que era lo que me planteaba Ñañez cuando yo le hablaba de este tema».

Sin embargo una distancia cada vez mayor lo fue alejando de la curia en la visión de los cambios sociales: «En el Grupo Angelelli reflexionamos sobre lo que era el matrimonio igualitario y decidimos también dar nuestra palabra de que la Iglesia no puede meterse en ese tema porque no nos corresponde, por eso también se enojaron, decíamos que debíamos acompañar a las personas en sus decisiones políticas, y también sexuales. Eso fue uno de los temas que detonó y me hizo pensar en dejar la Iglesia. Muchos no dejan la Iglesia porque temen no tener trabajo luego, ya que no podemos dar catequesis tampoco una vez fuera. Yo tenía la chance de seguir en el colegio Taborín pero no me dejaron, dijeron que era incompatible porque si habia sido cura iba a ser mal ejemplo».

El detonante final fue un juicio interno donde fungió como testigo: «con un juicio para el que fui testigo me maltrataron, me hicieron sentir muy mal y yo dije chau, esta no es la iglesia que yo quiero ni que yo elegí con mis 17 años en el Seminario. El arzobispo en lugar de decirme que me quede me dijo, bueno, listo, ya te buscamos reemplazo en la parroquía y nada más. Cuando se enterron que tenía pareja fue en el contexto del matrimonio igualitario, entonces aprovecharon y me retaron por eso y por tener pareja que era lo que en realidad les interesaba. No hay nada ahí, hay un gris, no podía echarme pero si decirme abandoná a tu hijo y seguí siendo párroco, pero como no les interesaba que yo siguiera siendo cura les convenía que yo siguiera mi vida familiar y dejara el sacerdocio. Yo quería mostrar que si se podía vivir el sacerdocio y tener una familia sin ningún problema».

El momento de maltrato parece haber sido algo que atesorar: «Mi memoria parece que busca la sanidad y no recuerdo bien el maltrato, pero sé que terminé llorando delante de los acusadores. Mi decision de dejar la Iglesia fue por no comprender estas cosas que tienen que ver con lo humano, lo sencillo y que la Iglesia debe acompañar, no decidir ni excluir las decisiones de las personas en el ámbito social, político, religioso y sin condenar las decisiones sexuales».

La Isla

Consultado sobre cómo ve a la Iglesia Católica en «La Docta y Bizentina», Gleria comentó: «El tema de la Iglesia de Córdoba es parte de la Iglesia del mundo, que si se sigue quedando en la historia, no creo que desaparezca pero será minoritaria. En algunos lugares se va aggiornando pero en otros lugares se va quedando en el tiempo porque hay gente que responde también a ese estilo, como en este caso, que ese tiempo está volviendo en Brasil o en Argentina, no solo en el ámbito político sino en lo religioso estamos volviendo a la Derecha y mucha gente  le conviene no mover mucho, no revisar mucho».

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